Rodrigo, de Sponso.com, explica los parámetros con los que se calcula esa cifra, por qué el valor de los futbolistas campeones se duplica y en qué se diferencia esta victoria de la de 2010.

Ganar un Mundial no solo cambia el palmarés. También mueve las tarifas. La consultora Sponso.com estima que el valor comercial de la selección española ha crecido un 60% tras el título logrado en Estados Unidos, una cifra todavía provisional que se apoya en la audiencia del torneo, el perfil del público, la exclusividad de cada patrocinador y el retorno esperado. En esta entrevista, Rodrigo detalla cómo se llega a ese número y qué se abre a partir de ahora para jugadores, marcas y federación.

El punto de partida es evidente y él mismo lo reconoce: «Si España no gana el Mundial, no estaríamos hablando de esto». Pero el éxito deportivo, siendo la piedra angular, no es la única variable. «Para hacer el cálculo del valor de un patrocinio no nos basamos únicamente en los éxitos deportivos», explica.

El 60% que maneja la consultora es una estimación temprana. Faltan datos que permitirán afinar el resultado en las próximas semanas. La intención, dice, es aportar algo de método a un sector que todavía funciona de forma bastante artesanal, en el que muchas decisiones se toman por intuición, por gustos personales o por el arrebato del momento.

Cinco parámetros para poner precio

El primero es la audiencia, medida en televisión, plataformas digitales y redes sociales. «No es lo mismo ganar un Mundial que ganar una Eurocopa», resume. Y este Mundial, sostiene, ha sido el más seguido de la historia hasta la fecha, un récord que probablemente caiga dentro de cuatro años.

El segundo es el alcance del evento: un campeonato con trascendencia mundial no se paga como una competición local.

El tercero es el perfil del público, uno de los factores que más pesa y que suele pasarse por alto. Rodrigo lo ilustra con una comparación: la velada de Ibai Llanos es un éxito indiscutible y sus números son estratosféricos, pero se dirige a un público joven y, por tanto, con menor poder adquisitivo. El Mundial, en cambio, lo siguen desde personas de 80 años hasta adolescentes.

El cuarto es la exclusividad. Ser la única aseguradora o la única marca de cerveza vinculada a España multiplica la repercusión frente a compartir espacio con otras marcas del mismo sector. Esa es también la diferencia entre patrocinar a la selección y patrocinar el Mundial: en el segundo caso la exposición es mayor, pero la vinculación se reparte entre todos los equipos.

El quinto es el retorno: ventas, notoriedad y adhesión. El clásico ROI. A partir de ahí, matiza, entran muchos datos menores que ajustan el cálculo.

De jugadores a leyendas

El efecto sobre los futbolistas es inmediato. «Todos los jugadores que han salido campeones del mundo pasan de ser jugadores a convertirse en leyendas», afirma. Y añade un dato que sirve para dimensionarlo: la selección española tiene 106 años de historia y solo dos equipos han sido capaces de ganar un Mundial, aunque los dos títulos hayan llegado en 16 años y eso haya generado cierta sensación de costumbre.

A partir de ahí, el caché sube por varias vías. Aparecen marcas internacionales que no tenían a estos jugadores en el radar y que ahora sí, especialmente en el caso de futbolistas que hasta ahora solo trabajaban con anunciantes nacionales. Crecen los seguidores en redes sociales, lo que encarece automáticamente cualquier acción comercial en sus perfiles. Y los patrocinadores que ya estaban vinculados tendrán que renovar al alza.

El resultado, según sus cálculos, es que el valor de estos jugadores prácticamente se duplica. Con excepciones al alza. Cita el caso de Lamine Yamal: pese a no haber firmado un gran Mundial, es una de las imágenes icónicas del equipo y tiene 19 años, un perfil por el que muchas marcas están esperando. Y el de Marc Cucurella, cuyo físico característico y cuya simpatía han conectado con la afición. Si a eso se le suma su reciente fichaje por el Real Madrid, su valor probablemente haya crecido incluso por encima del doble.

Qué compran las marcas

Lo primero, notoriedad: estar en la ventana con mayor visibilidad del momento. Lo segundo, la asociación con los valores del equipo. En este caso, un grupo que ha ganado con trabajo colectivo, un relato al que ya se han sumado marcas como Movistar apelando a que la selección nunca ha estado sola. Trabajo en equipo, superación, victoria y orgullo de pertenencia son atributos que, cuando encajan de forma natural en el storytelling de la marca, hacen el mensaje más creíble.

También mejora el rendimiento del resto de sus campañas comerciales, no solo de las vinculadas directamente a la selección.

Pero el argumento que él considera más relevante es otro: estas marcas también han ganado el Mundial. Apostaron por la selección antes de que fuera campeona y el título ha llegado con su apoyo detrás. «Estas marcas pasan de ser patrocinadores a casi acompañantes en la victoria», sostiene. En el registro histórico quedará que Cervezas Victoria era la cerveza de la selección cuando la selección ganó, y que Mapfre era la aseguradora. Ese título, dice, ya no se lo quita nadie.

El negocio que se abre

La consecuencia más inmediata es la renegociación al alza de los contratos de patrocinio. Las marcas que ya estaban vinculadas parten con ventaja frente a sus competidores, pero quienes tengan que renovar en los próximos cuatro años lo harán a precios más altos. Las nuevas que quieran entrar pagarán ya ese incremento del 60%.

Hay además movimientos previsibles en el terreno técnico. Rodrigo da por hecho que Nike está al acecho para intentar quedarse con la campeona del mundo y que Adidas no lo va a permitir, lo que probablemente obligue a renovar o al menos a apalabrar el acuerdo antes incluso de que venza.

Después está la camiseta. Parece un asunto menor y no lo es: la venta de la equipación de una selección que gana un Mundial crece de forma exponencial, y existen datos previos para compararlo, tanto del caso español de 2010 como de otras selecciones campeonas. Según le trasladaron desde Adidas, la segunda camiseta, la blanca, se ha agotado prácticamente en su totalidad. La nueva equipación con las dos estrellas, que sale el 4 de agosto, apunta a un segundo pico de ventas. Y llega a tiempo para la campaña de Navidad: «Este va a ser el regalo estrella de estas navidades sin ningún tipo de duda», tanto para niños como para adultos.

A la camiseta se suma el resto del producto licenciado en torno a la selección, que ahora incorpora esas dos estrellas.

El siguiente frente son los derechos audiovisuales, una de las fuentes de ingresos principales. No se retransmite igual a un equipo del top ten que al campeón del mundo. Y lo mismo ocurre con las giras y los partidos amistosos, que pasan a tener otro valor y otra capacidad de monetización.

Turismo, música y otros efectos colaterales

Hay impactos más difíciles de medir. Uno es el turismo: de forma indirecta, haber situado a España en lo más alto del mapa futbolístico invita a visitar el país del campeón del mundo.

El otro es más inesperado. La canción de Aitana Superestrella no aparecía antes del Mundial entre las 100 más escuchadas de Spotify a nivel mundial. Después del torneo se ha colado en el top 35. La coincidencia del título y el uso que le han dado tanto los jugadores como la propia selección durante la celebración han disparado sus reproducciones. Es el ejemplo, dice, de que hay verticales sin relación directa con el fútbol que también salen beneficiados.

Por qué 2026 no se parece a 2010

Han pasado 16 años y el mundo ha cambiado lo suficiente como para que las dos victorias no sean comparables en términos comerciales.

La diferencia más significativa está en las redes sociales. En 2010 no existían ni Instagram ni TikTok, y los jugadores no tenían medios propios para comunicarse con sus aficionados. Desde el punto de vista comercial, aquel activo sencillamente no existía. Ahora sí.

La segunda es la sede. Sudáfrica fue una gran sede y un gran Mundial, apunta, pero no admite comparación con Estados Unidos: «Es la cuna del deporte y la cuna del marketing». España ha ganado el título en el lugar donde mejor se sabe explotar la vinculación entre deporte, victoria y marcas.

La tercera es la audiencia, con un crecimiento que él califica de brutal y con muchos más países siguiendo el torneo que en 2010. Sumando las tres, la conclusión es que esta victoria ofrece muchas más oportunidades de negocio que la primera.