El central argentino, El Cuti Romero, prácticamente desaparecido durante buena parte del encuentro, decidió el partido con un cabezazo a centro de Baena. Grimaldo adelantó a los rojiblancos, Boyé empató de penalti y la expulsión de Ángel Pérez condicionó un duelo que se resolvió en el tramo final.
El Atlético de Madrid encontró en Cristian ‘Cuti’ Romero al héroe inesperado de una tarde llena de obstáculos. El defensa argentino, que había pasado buena parte del encuentro centrado en mantener el orden defensivo, apareció cuando más lo necesitaba su equipo para firmar el gol de la victoria ante el Alavés.
El encuentro tuvo de todo: un gol de Grimaldo, un penalti transformado por Boyé, una expulsión y un desenlace que parecía resistirse a los intereses rojiblancos. Ni siquiera la superioridad numérica, tras la roja a Ángel Pérez por una entrada sobre Julián Álvarez, permitió al Atlético cerrar el partido con tranquilidad.
El equipo de Diego Simeone dominó durante varios tramos, pero le faltó claridad en los metros finales. Los centros se sucedían sin encontrar destinatario y la presencia de Alexander Sorloth en el área no terminaba de traducirse en ocasiones claras. Hasta que apareció Álex Baena para cambiar el guion con un envío preciso al corazón del área. Allí esperaba el Cuti, que se elevó por encima de la defensa para conectar un cabezazo decisivo y desatar la euforia en el Metropolitano.
Un partido que el Atlético complicó por sus propios errores
El Atlético había conseguido adelantarse en el marcador gracias a una acción que tuvo a Grimaldo como protagonista. El lateral participó en la jugada ofensiva y culminó con la zurda una asistencia de Jonathan David para poner por delante a su equipo.
Sin embargo, cuando parecía que los rojiblancos podían marcharse al descanso con ventaja, dos errores defensivos devolvieron al Alavés al partido. Primero fue Lookman, con una falta innecesaria en una zona peligrosa. Después, Le Normand, que agarró a un rival dentro del área pese a haber recibido previamente una advertencia arbitral.
La revisión del VAR alargó la decisión, pero el desenlace no ofreció sorpresas: Lucas Boyé asumió la responsabilidad desde los once metros y convirtió el penalti para establecer el empate.
El Atlético había pasado de controlar el marcador a verse obligado a remar de nuevo. El Alavés, por su parte, encontró en los errores del rival una oportunidad para mantenerse con vida en un encuentro en el que le había costado generar peligro por sus propios medios.
Simeone mueve el banquillo, pero el gol se hace esperar
La segunda mitad mantuvo la incertidumbre. La expulsión de Ángel Pérez dejó al conjunto vitoriano con diez jugadores y parecía ofrecer al Atlético el escenario ideal para inclinar definitivamente el encuentro a su favor.
Simeone recurrió a futbolistas de peso como Julián Álvarez, Baena, Kang-in Lee y Hancko para aumentar la presión ofensiva. El equipo rojiblanco ganó presencia cerca del área rival, aunque continuó sin encontrar la precisión necesaria para transformar su dominio en ocasiones claras.
El Alavés, mientras tanto, se reorganizó para compensar la inferioridad numérica y buscó sus opciones al contragolpe. Mariano dispuso de una oportunidad para adelantar a los locales, pero no logró aprovecharla. Una ocasión que terminó pesando cuando el Atlético encontró el gol que llevaba tantos minutos persiguiendo.
El equipo madrileño también tuvo que gestionar los riesgos defensivos. Simeone retiró a Lookman y acabó sustituyendo a Le Normand, que ya tenía una tarjeta amarilla, en un tramo en el que cualquier error podía resultar definitivo.
El tiempo avanzaba y el empate parecía cada vez más difícil de romper. Pero el fútbol volvió a demostrar que un partido puede cambiar en una sola acción.
El Cuti se convierte en el salvador rojiblanco
Cuando el encuentro entraba en su recta final, Baena encontró el espacio para servir un centro con el exterior que rompió la resistencia del Alavés. Romero leyó perfectamente la trayectoria, atacó el balón y conectó un cabezazo que terminó en el fondo de la red.
El central argentino, que había permanecido en un segundo plano durante buena parte del partido, apareció en el momento decisivo para darle los tres puntos al Atlético. Un gol que premió la insistencia rojiblanca, aunque también evitó que los errores cometidos durante el encuentro acabaran costándole la victoria.
El Alavés se marchó sin recompensa después de competir hasta el final y sobrevivir durante muchos minutos en inferioridad. El Atlético, en cambio, volvió a comprobar que el dominio no siempre garantiza tranquilidad y que los partidos se deciden, en ocasiones, por detalles mínimos.
Romero puso el punto final a una tarde de tensión con un cabezazo que valió mucho más que un gol. Su aparición convirtió la frustración en celebración y permitió al equipo de Simeone escapar de un empate que parecía cada vez más probable.





